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A la hora de alquilar un piso, de contratar una hipoteca o de solicitar un crédito o préstamo personal, vamos a encontrarnos con situaciones en las que nos van a pedir contar con un aval o con un fiador. Estas figuras se incluyen en algunos tipos de contratos para garantizar el pago en aquellas situaciones en las que nosotros no podamos afron...

¿Qué es un aval solidario?

A la hora de alquilar un piso, de contratar una hipoteca o de solicitar un crédito o préstamo personal, vamos a encontrarnos con situaciones en las que nos van a pedir contar con un aval o con un fiador. Estas figuras se incluyen en algunos tipos de contratos para garantizar el pago en aquellas situaciones en las que nosotros no podamos afrontarlo. De esta manera, la persona que nos ha prestado el dinero tiene la seguridad de que, de una forma o de otra, acabará recuperando el dinero.

Por supuesto, contratar un servicio financiero que nos obligue a aportar un aval tiene sus riesgos, por lo que desde Creditea queremos contaros todo sobre los avales para que, cuando os pidan avalar un préstamo, no tengáis ningún tipo de problema. ¡Vamos a ello! 

 

Tipos de avales

Lo primero que debemos saber es que hay diferentes tipos de avales, cada uno con sus propias características. A nivel general, podemos distinguir dos tipos principales, los de garantía personal y los de garantía real:

  • Aval de garantía personal: En este caso, el aval es una persona, denominada avalista, quien ejercerá como garante personal de que vamos a devolver el dinero. Si, por diversos motivos, nos vemos incapaces de cumplir con el pago, el avalista tendrá que responder ante la entidad financiera con todos sus bienes presentes y futuros. Dicho de otra manera, tendrá la misma responsabilidad de devolver el crédito que la persona que lo haya solicitado. 

  • Aval de garantía real: En este caso, la garantía que ofrecemos es un bien tangible, como por ejemplo un inmueble o un coche. Este aval puede ser propiedad del solicitante del crédito o pertenecer a un tercero. Así, en caso de impago, nuestro aval podrá ser utilizado por el prestamista, quien tendrá la opción de venderlo para cobrar así la deuda. Dentro de este tipo de aval, podemos distinguir a su vez entre la garantía hipotecaria (el aval es un bien inmueble) y la garantía de pignoración o prenda (bienes distintos de un inmueble).

Sin embargo, si nos referimos a aval solidario, nos referimos a un tipo de aval en el que, habitualmente, otra persona se compromete junto a nosotros a devolver el dinero prestado. La principal característica de este tipo de aval es que, si incumplimos las obligaciones de pago, el prestamista podrá reclamar directamente al avalista, quien tendrá la obligación de responder de la totalidad de la deuda. De hecho, en caso de existir una reclamación judicial, la demanda irán contra ambos, deudor y avalista.

Como vemos, ser garante solidario entraña bastantes riesgos, por lo que, si decidimos ejercer como tal, es conveniente que tengamos muy claros cuáles son los derechos del avalista solidario. Habitualmente, un avalista puede disponer de tres derechos:

  • Derecho de Orden: este derecho obliga al prestamista a reclamar el pago de la deuda primero al prestatario y, en caso de que este no pague, al avalista.
  • Derecho de Excusión: garantiza que el prestamista no podrá solicitar el embargo de los bienes del avalista sin antes haber solicitado el embargo de los bienes del prestatario.
  • Derecho de División: si se han designado varios avalistas para un solo préstamo, el prestamista solo podrá reclamar la parte correspondiente a cada uno de ellos.

 

Estos derechos, a priori, protegen bastante al avalista, pero, en el caso de aval solidario, el único derecho que nos quedaría sería la posibilidad de reclamar contra la persona a la que avalamos, pudiendo pedir por un lado las cantidades abonadas y, por el otro, intereses por daños y perjuicios.

 

Diferencias entre aval solidario y fiador solidario

Otra figura habitual en estos casos es la de fiador. Su función es muy similar a la que ya hemos visto del avalista, ya que el fiador también adquiere la obligación de devolver el dinero en el caso de que el prestatario no pueda hacerlo. Sin embargo, también presenta algunas diferencias que, en este caso, es conveniente conocer para ser conscientes de nuestros derechos.

Así, para saber qué es un fiador solidario, debemos saber cómo distinguirlo de un avalista. En ese sentido, la mayor diferencia es que la figura de fiador está más protegida que la de avalista, ya que el fiador no puede ser forzado a pagar sin que antes se haya demandado al prestatario principal. Por otro lado, en el caso de un aval, el avalista puede ser demandado directamente por el prestamista.

 

Ser avalista o fiador siempre conlleva riesgos, especialmente para nuestras finanzas personales, por lo que, si es posible, siempre es mejor optar por créditos o préstamos que no requieran la presencia de un avalista. Por ejemplo, en Creditea únicamente pedimos que la persona que solicita un préstamo sea mayor de edad y pueda acreditar ingresos regulares, sin necesidad de que presenten ningún tipo de aval, ya que nos seguimos por los principios del préstamo responsable. Además, adaptaremos las características del crédito a vuestra situación personal, ofreciéndoos las condiciones que más os encajen.

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