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 ¿Qué ocurre cuando tras contratar un producto financiero el inversor no recupera la inversión en el tiempo y cuotas establecidos en el contrato? Lo que sucede en ese momento es lo que se denomina “riesgo de crédito”, es decir, la probabilidad de que una de las partes del contrato del producto financiero incumpl...

Riesgo de crédito: ¿Qué es?

 

¿Qué ocurre cuando tras contratar un producto financiero el inversor no recupera la inversión en el tiempo y cuotas establecidos en el contrato? Lo que sucede en ese momento es lo que se denomina “riesgo de crédito”, es decir, la probabilidad de que una de las partes del contrato del producto financiero incumpla sus obligaciones contractuales  al encontrarse en una situación de insolvencia o de incapacidad de pago. Debido a ese incumplimiento, producirá a la otra parte una pérdida económica. 

 

Aunque tradicionalmente este fenómeno se ha relacionado con instituciones financieras, se puede extender también a empresas, personas físicas, mercados financieros y organismos de otros sectores. Por ejemplo, cuando las empresas financian un producto a sus clientes, cuando los proveedores cobran a treinta días o cuando un inversor compra un bono: todos ellos poseen el riesgo de no percibir las cantidades estipuladas en el contrato en el tiempo establecido. 

 

En cambio, el riesgo de mercado (en el que se contemplan también el riesgo de divisa, de precio, de volatilidad, etc.) tiene un componente de riesgo sistémico, aquel que se deriva de la incertidumbre global del mercado que afecta en mayor o menor grado a todos los activos existentes en la economía y que no se puede eliminar completamente. 

 

Tipos de riesgo de crédito

 

Como hemos visto en líneas anteriores, el riesgo de crédito puede darse tanto en entidades financieras como en empresas, mercados u organismos gubernamentales. Asimismo, puede ser soportado por diferentes agentes económicos, sobre los cuales se puede definir el riesgo crediticio. 

 

Riesgo de crédito sobre las empresas: este riesgo se produce cuando, tras la venta a plazos de un producto, el cliente recae en un impago. Para evitar este tipo de situaciones, lo que se debe hacer es contratar un servicio externo que se encargue de estudiar el riesgo de crédito del cliente que ha solicitado el pago fraccionado. 

 

Riesgo de crédito sobre las personas físicas: todos nosotros soportamos el riesgo de crédito en muchas de nuestras actividades cotidianas, desde depositar nuestros ahorros en una entidad financiera hasta trabajar por cuenta ajena o realizar operaciones de inversión de mayor envergadura. No obstante, se han establecido una serie de medidas legales que limitan este riesgo de crédito de las personas físicas. En el caso de los depósitos bancarios, existe el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), y en el caso de impago de salarios, se ha creado el Fondo de Garantía Salarial (FOGASA). 

 

Riesgo de crédito sobre las instituciones financieras: el producto financiero que se ve más expuesto al riesgo de crédito es el préstamo, tanto si va dirigido a personas físicas como a empresas. Por este motivo, las entidades financieras suelen realizar estudios de riesgo crediticio muy exhaustivos e incluyen en los contratos clausulas adicionales como la cesión de avales personales que en caso de impago, cubran la cantidad adeudada. 

 

Fundamentalmente, existen dos grandes grupos de riesgo crediticio en una compañía financiera que dependen directamente de la contraparte. Por un lado, el riesgo de crédito minorista, que es aquel que se origina mayoritariamente de la actividad de financiación de personas físicas y pymes, como los préstamos, créditos o cualquier actividad de financiación relacionada con ellos. Por otro lado, estaría el riesgo de crédito mayorista, que es algo más complejo al incluir el riesgo de contrapartida, que puede venir de actividades de financiación o por la propia actividad de la entidad al llevar a cabo una venta u operaciones de fusiones y adquisiciones. 

 

Ejemplo de riesgo crediticio

A continuación, vamos a ver una serie de escenarios en los que se reproducen modelos de riesgos de crédito. 

Riesgo de impago o de default: se trata del riesgo que se genera cuando la persona a la que se le concede un préstamo no cumple con sus obligaciones a la hora de devolverlo. 

 

Riesgo de rebaja crediticia: este tipo de riesgo también se conoce como riesgo de migración o downgrade. Hace referencia al riesgo que supone el que las agencias de rating rebajen el valor de un crédito. 

 

Riesgo de exposición: en este caso, se refiere al riesgo que existe sobre los pagos que el acreedor debe realizar en el futuro. 

 

Riesgo de spread de crédito: concretamente, es el riesgo a que aumente la rentabilidad de un bono con relación a otro que posee la misma fecha de vencimiento. 

 

Evaluación de riesgo crediticio: ¿cómo se calcula el riesgo de crédito?

Una vez que ya hemos fijado el concepto de riesgo de crédito y los diferentes tipos que existen en el mercado financiero, vamos a ver la forma de evaluar, de manera muy sencilla, el riesgo crediticio de una operación. 

Para ello, necesitaremos manejar las siguientes variables: el concepto de pérdida esperada, la pérdida en caso de incumplimiento, la exposición al impago y la probabilidad de impago o default.  

 

  • Probabilidad de default (PD): la PD (Probability of default) es una medida de calificación crediticia que se otorga a un cliente o contrato con el objetivo de estimar la probabilidad que hay de que incumpla el  pago a un año vista. 

  • Exposición a default (EAD): la EAD (Exposition at default) es otro de los indicadores necesarios en el cálculo de la pérdida esperada y el capital. Se define como el importe de deuda que está pendiente de pago en el momento en el que el cliente incumple el contrato. 

  • Pérdida en caso de incumplimiento (LGD): la severidad o LGD (Loss given default) es otra métrica clave en el análisis del riesgo y se define como el porcentaje sobre la exposición en riesgo que no se espera recuperar en caso de incumplimiento. 

 

Así, los indicadores de riesgo crediticio que vamos a utilizar para generar nuestra fórmula son los siguientes: 

 

Pérdida Esperada = Probabilidad de default o probabilidad de riesgo de default (PD) x Exposición a default o valor de la posición en el momento de riesgo de default (EAD) x Pérdida en caso de Incumplimiento (LGD). 

 

Fórmula:  PE = PD x EAD x LGD

 

Finalmente, vamos a ver un ejemplo práctico para que el cálculo se vea de forma más clara. Imaginemos una persona con una hipoteca de 300.000 euros, con un interés del 4% a 30 años. El departamento de riesgos determina que hay un 2% de posibilidad de default a 30 años. Además, estima una recuperación del 60%, lo que supone que se va a perder un 40%. Por tanto, aplicando nuestra fórmula, la perdida esperada sería: 

PE= 0,02 x 300.000 x 0,4 = 2.400 €.

Ahora ya puedes hacerte una idea más completa de lo que supone un riesgo de crédito, así como de las políticas de modelos crediticios en función de estos riesgos. Una manera de minimizar el impacto que pueda tener en tu organización empresarial o tus inversiones financieras es prever una posible situación de incumplimiento sobre la cuota de algún préstamo e hipoteca para buscar opciones de financiación que afecten menos tu estabilidad financiera. Una buena opción puede ser solicitar un crédito personal online. La ventaja de estos préstamos es que mediante la realización de un trámite muy sencillo a través de internet puedes acceder a una línea de crédito al instante de hasta 5000 euros. En el caso de Creditea, además, puedes establecer cuotas de pago muy flexibles que se adapten cómodamente a tu situación financiera o a la de tu compañía.  




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