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 ¿Cuántas veces habremos llegado a fin de mes preguntándonos dónde ha ido a parar nuestro dinero? Y es que, incluso si somos de lo más responsables con respecto a nuestros gastos, puede darse el caso de que, inconscientemente, haya algunos que pasemos por alto. Por eso, para poder recuperar el control de nuestras fin...

¿Qué tipos de gastos existen?

 

¿Cuántas veces habremos llegado a fin de mes preguntándonos dónde ha ido a parar nuestro dinero? Y es que, incluso si somos de lo más responsables con respecto a nuestros gastos, puede darse el caso de que, inconscientemente, haya algunos que pasemos por alto. Por eso, para poder recuperar el control de nuestras finanzas, es importante no solo saber cuánto dinero gastamos, sino también en qué, pues no todos los gastos son iguales ni se pueden planificar de la misma manera. 

 

El presupuesto

Si en algo coinciden tanto los expertos como los legos en el ámbito de las finanzas es en la importancia de contar con un presupuesto que nos permita visualizar de cuánto dinero disponemos cada mes y a qué debemos destinarlo. Sin embargo, muchos de estos presupuestos fallan porque tienen en cuenta solo los gastos fijos o los más predecibles, pero olvidan incluir esos pequeños desembolsos que, gotita a gotita, acaban sumando más de lo que nos gustaría reconocer. De  la misma manera, tampoco incluyen esos gastos que solo se dan una o dos veces al año, pero que nos desestabilizan completamente al no haberlos previsto de forma prorrateada. Para que el presupuesto funcione de verdad, debemos ser honestos con nosotros mismos, así como tener en cuenta todo lo que nos toca pagar a lo largo del año, no solo durante el mes en curso. 

Hay numerosos métodos para elaborar un presupuesto doméstico, pero antes debemos discernir qué tipos de gastos deberemos incluir en él. Aunque existen numerosas clasificaciones, a continuación exponemos una lista de categorías que resulta tan sencilla como efectiva a la hora de tomar el mando de nuestras finanzas.

 

  1. Gastos fijos

Se entienden por gastos fijos aquellas cantidades que debemos pagar de forma periódica y cuyo importe conocemos de antemano. Por ejemplo, el alquiler o la hipoteca, las cuotas de ciertas tarjetas de crédito, los servicios de suscripción a contenidos audiovisuales o la mensualidad del gimnasio. 

Un error muy habitual cuando se elabora un presupuesto consiste en obviar aquellos gastos cuya periodicidad no es mensual o bimestral; dichos gastos también se incluirían en esta categoría. Por ejemplo, el impuesto sobre bienes inmuebles (IBI), el seguro del coche o incluso la cuota de pertenencia a determinadas asociaciones. Lo más sensato para afrontar este tipo de gastos es apartar cada mes la parte proporcional que correspondería al dividir ese importe entre doce (si es anual), o entre el número de meses que separen las fechas de cobro. Así, cuando llegue el mes en que nos pasen ese recibo, no nos pillará desprevenidos.

 

  1. Gastos variables

Dentro de los gastos variables se engloban todos aquellos que dependen del consumo para fijar el importe final. Aquí podríamos englobar la luz, el agua o el teléfono, así como la gasolina de nuestro coche. 

Para poder controlar mejor estos gastos, conviene hacer una media de las facturas del último año y contar siempre con ese importe añadiendo, como mínimo, un 10 % más a modo de previsión. De esta manera,  esa cantidad que hemos añadido nos irá quedando como remanente para aquellos meses en los que el consumo sea superior.

 

  1. Gastos hormiga

Se conoce como «gastos hormiga» a aquellos gastos que no suponen un desembolso muy elevado, pero que, sumados día tras día, acaban dando lugar a un importe más que considerable. Entre ellos, cabe destacar el café de media mañana (o media tarde), las comidas fuera cuando no llevas tu tupper de casa, las suscripciones a servicios que no usas, las pequeñas compras por impulso o el tabaco. 

Quizá sean los más peligrosos, no por la cantidad que suponen por separado, sino por lo que pueden llegar a sumar cuando se combinan. Por eso, gastar de forma consciente y tratar de prescindir de esos pequeños lujos es fundamental a la hora de retomar el control de nuestra economía personal. Si fumas, dejar el tabaco supone un ahorro notable (la media está en más de 300 euros al año, cifra que se incrementa cuanto más instaurado está el hábito). Cocinar en casa y llevar tu fiambrera al trabajo también te permitirá ahorrar un importe cuantioso, lo mismo que si te llevas el termo de café. Asimismo, dar de baja todos aquellos servicios a los que no saques partido resulta fundamental (sí, nos estamos refiriendo a la cuota de ese gimnasio que no pisas desde hace tres meses). 

Con respecto a los gastos impulsivos, existen numerosas reglas y técnicas que puedes aplicar. Desde no llevar encima la tarjeta de crédito y ceñirte únicamente al efectivo hasta esperar al menos 24 horas para decidir si ese producto va a suponer una verdadera mejora en tu vida. Habitualmente, las compras por impulso suelen tener un detonante emocional, por lo que posponerlas funciona muy bien cuando lo que creemos una necesidad surge justo por ese motivo. Y, por descontado, aprender a diferenciar las necesidades de los deseos es crucial para dominar ese impulso por gastar. Por supuesto, no se trata de renunciar a todos los gastos que no sean esenciales, sino de aprender a priorizar y a escoger entre todos esos gastos para que, si decidimos darnos un capricho, sea porque realmente nos apetece.

 

  1. Gastos discrecionales

Finalmente, los gastos discrecionales son aquellos para los que deliberadamente hemos asignado una cifra determinada. Por ejemplo, lo que dedicamos mensualmente a ropa, calzado, productos de belleza, salidas y entretenimiento, entre otras categorías. A este respecto, deberemos ser conscientes de cuánto dinero nos quedaría al mes una vez que hayamos incluido los gastos fijos y los variables previstos, por un lado, y prescindido de los gastos hormiga (o minimizado todo lo posible), por otro. Cuando tengamos esa cifra, la distribuiremos de forma proporcional entre los distintos gastos discrecionales que podamos contemplar y procuraremos ser lo más disciplinados posible para no superar los límites que hayamos establecido. 

Ahora que ya conoces los diferentes tipos de gastos que afrontas en tu día a día, el siguiente paso es ver en qué se te va el dinero cada día. Para ello, dispones de aplicaciones móviles en las que ir apuntando cada gasto o hasta de libretas basadas en el método japonés «kakebo». Sea cual sea el método que elijas, conocer a dónde va tu dinero es el primer paso para recuperar las riendas de tu economía doméstica.

 

   



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